La relatora presentó ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU su nuevo informe temático, Develando los efectos inhibidores del ecosistema de vigilancia digital: la erosión de los derechos a la libertad de reunión pacífica y de asociación (A/HRC/62/45).
La vigilancia digital está transformando el espacio cívico, y no para bien. El informe se basa en testimonios de 152 activistas, defensores de derechos humanos, periodistas y actores de la sociedad civil, y en 62 envíos escritos de 84 países y entidades. Documenta cómo el reconocimiento facial, el spyware, el monitoreo de redes sociales y el perfilamiento basado en datos están erosionando los derechos a la libertad de reunión pacífica y de asociación en todas las regiones del mundo.
Los hallazgos son contundentes. La vigilancia destruye la confianza entre activistas, empuja a las organizaciones hacia formas de trabajo menos visibles y más aisladas, y vacía las plazas públicas de la disidencia. No son incidentes aislados: forman un ecosistema de vigilancia con daños acumulativos y duraderos.
En su presentación expuso lo que deben hacer los gobiernos, la ONU y las empresas tecnológicas para detenerlo.
El espacio cívico no es negociable.